Putin lanzó durante la noche 25 misiles y cerca de 300 drones contra Ucrania en un nuevo ataque de gran escala que, según la Fuerza Aérea ucraniana y autoridades regionales, buscó dañar infraestructuras energéticas y golpear varios puntos del país. En las afueras de Járkov, en el noreste, el ataque dejó al menos cuatro muertos y seis heridos, de acuerdo con el gobernador regional Oleg Sinegubov. Las autoridades locales también informaron de impactos en zonas urbanas y de un incendio tras el golpe de un dron.
La Fuerza Aérea de Ucrania sostuvo que sus defensas neutralizaron siete misiles y 240 drones. El parte añade que 48 drones y un número no precisado de misiles alcanzaron 24 localizaciones en distintas regiones. Este patrón vuelve a situar a la red eléctrica y a los servicios críticos en el centro de la presión militar rusa, un enfoque que tiende a producir efectos que van más allá del daño inmediato: cortes de suministro, tensiones logísticas y mayor necesidad de apoyo técnico y financiero para reparaciones.
Balance
Asimismo, en el área de Járkov, Sinegubov actualizó el balance de víctimas y advirtió de nuevos incidentes, incluido un ataque con dron en el distrito de Shevchenkivski sin víctimas confirmadas. El alcalde de la ciudad, Igor Terejov, señaló que un dron tipo Shahed impactó contra un ambulatorio pediátrico, lo que provocó un incendio.
En términos de política internacional, el ataque refuerza una dinámica ya estable: Moscú combina drones y misiles para saturar defensas, dispersar el daño y mantener la incertidumbre sobre objetivos y rutas. Además, para Kiev, el episodio subraya la prioridad de sostener la defensa antiaérea y proteger infraestructuras energéticas, un factor que influye en la agenda diplomática con socios europeos y transatlánticos.
En paralelo, los episodios recientes en Járkov mantienen el foco de embajadas y organismos internacionales sobre el coste civil del conflicto y sobre la resiliencia de servicios esenciales en el noreste del país.






