El conflicto entre Ucrania y Rusia ha incorporado un nuevo elemento en el ámbito marítimo tras el anuncio del Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) sobre la destrucción de un submarino ruso en el puerto de Novorossiysk, en la costa oriental del mar Negro. Según las autoridades ucranianas, la operación se ejecutó mediante drones submarinos de fabricación propia y tuvo como objetivo un sumergible que portaba misiles de crucero utilizados en ataques contra territorio ucraniano.
El SBU sostiene que empleó drones submarinos del modelo Sub Sea Baby para alcanzar un submarino ruso de clase 636.3 Varshavyanka, conocido en la clasificación de la OTAN como clase Kilo. Este tipo de submarinos diésel-eléctricos destaca por su bajo nivel de ruido y por su capacidad de operar de forma encubierta en aguas costeras. De acuerdo con la información facilitada por la agencia ucraniana, el sumergible transportaba cuatro lanzadores de misiles de crucero Kalibr, un sistema empleado con frecuencia por Rusia en bombardeos de largo alcance contra infraestructuras y posiciones militares ucranianas.
El ataque se produjo en Novorossiysk, un puerto estratégico para Moscú por su operatividad durante todo el año y por su cercanía a la principal base naval rusa en el mar Negro. En los últimos meses, Ucrania ha intensificado sus acciones contra este enclave, que ya había sido escenario de ataques con drones dirigidos contra terminales petroleras y otras instalaciones críticas. Estas operaciones reflejan un cambio sostenido en la estrategia ucraniana, que busca limitar la capacidad naval rusa lejos de la línea del frente terrestre.
Simbolismo
La localización del ataque adquiere una dimensión simbólica adicional por su proximidad a Gelendzhik, ciudad costera situada a poco más de 30 kilómetros, donde se encuentra una residencia de grandes dimensiones asociada habitualmente a Vladimir Putin. Aunque el Kremlin ha negado de forma reiterada que el presidente ruso sea el propietario del complejo, la zona cuenta con amplias medidas de seguridad y restricciones aéreas comparables a las de otras residencias oficiales. Durante el transcurso de la guerra, la zona ha reaparecido en los medios tras registrarse incendios y ataques con drones en sus inmediaciones, incluido un incidente ocurrido el pasado mes de agosto.
El Ministerio de Defensa ruso no ha emitido comentarios oficiales sobre la declaración del SBU. La agencia ucraniana afirma que el submarino quedó prácticamente inutilizado tras la explosión y recuerda que varias unidades navales rusas se han visto obligadas a abandonar la base de Sebastopol, en la Crimea ocupada, debido a las operaciones ucranianas con drones marítimos.
El submarino afectado, de unos 74 metros de eslora y un coste estimado de entre 400 y 500 millones de dólares, representa un activo relevante dentro de la flota rusa. Su neutralización refuerza la capacidad de Ucrania para proyectar operaciones complejas en zonas altamente protegidas y apunta a una prolongación de la guerra en el ámbito naval, con implicaciones estratégicas a medio y largo plazo para la seguridad en el mar Negro.






