Venezuela

Nicolás Maduro ordena un refuerzo naval para proteger las exportaciones petroleras de Venezuela

La orden de Nicolás Maduro de escoltar buques petroleros marca un nuevo capítulo en la confrontación con Donald Trump, en un conflicto que combina sanciones, control marítimo y una creciente dimensión geopolítica en el Caribe

Nicolás Maduro, el día de su juramento ante el Parlamento de Venezuela. Foto: ©Presidencia de Venezuela/ Oficial.

La crisis entre Estados Unidos y Venezuela ha entrado en una fase de mayor riesgo estratégico tras la decisión de Nicolás Maduro de ordenar a la Armada Bolivariana escoltar buques que transportan productos petrolíferos desde puertos venezolanos. La medida busca proteger una de las principales fuentes de ingresos del país en un contexto de endurecimiento del bloqueo impulsado por el presidente estadounidense, Donald Trump, y eleva el nivel de tensión en aguas del Caribe y el Atlántico occidental.

Según información citada por el New York Times, al menos tres embarcaciones recibieron escolta naval mientras transportaban urea y derivados del petróleo. Ninguno de esos buques figura en la lista de petroleros directamente sancionados por Washington, pero la presencia de unidades militares venezolanas introduce un nuevo factor en un escenario ya marcado por el despliegue naval estadounidense en la región. Fuentes estadounidenses admiten que Washington conoce estas escoltas y evalúa distintas opciones de respuesta.

La decisión de Maduro responde a una presión económica creciente. El bloqueo promovido por Trump pretende reducir al mínimo la capacidad de Venezuela para exportar hidrocarburos, un objetivo que, de alcanzarse, tendría consecuencias profundas para la estabilidad interna del país. El presidente venezolano afronta así un dilema estructural: aceptar un asfixiamiento financiero progresivo o asumir riesgos adicionales para mantener el flujo de ingresos petroleros.

Escalada regional

El discurso de Trump ha endurecido el marco político del conflicto. El presidente republicano sostiene que no cesará la presión hasta que Venezuela “devuelva” activos que, a su juicio, fueron apropiados de forma indebida. Aunque Washington presenta públicamente estas operaciones como parte de la lucha contra el narcotráfico, diversas informaciones apuntan a intentos paralelos de lograr un mayor acceso de empresas estadounidenses a los recursos energéticos venezolanos.

La escalada afecta también a actores regionales. Cuba, altamente dependiente del petróleo venezolano, sufre ya un impacto directo que se traduce en apagones y un agravamiento de su crisis económica. Al mismo tiempo, la incautación reciente del petrolero Skipper frente a la costa venezolana refuerza la percepción de que Estados Unidos está dispuesto a aplicar sus sanciones de forma cada vez más visible.

El conflicto ha generado reacciones internacionales. Rusia advirtió a la Administración Trump del riesgo de cometer un “error fatal” que comprometa la navegación internacional y provoque consecuencias imprevisibles en todo el hemisferio occidental. Moscú reiteró su respaldo político al Gobierno de Maduro y defendió la necesidad de reanudar el diálogo entre Washington y Caracas. China, por su parte, calificó el bloqueo de “intimidación unilateral” y recordó su papel como principal comprador de crudo venezolano, además de su asociación estratégica con Caracas.

Más allá del episodio concreto de las escoltas navales, la situación refleja una dinámica de fondo: la disputa por el control de los flujos energéticos venezolanos se ha convertido en un vector central de la confrontación geopolítica. La decisión de Maduro apunta a una estrategia de resistencia activa, mientras que la presión de Trump busca redefinir el equilibrio de poder en el Caribe, con implicaciones que trascienden ampliamente a Venezuela.

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