El desbloqueo político en Washington volvió a poner a los legisladores estadounidenses en el centro de una pugna que redefine las líneas internas del Partido Demócrata y refuerza la capacidad del presidente Donald Trump para marcar el ritmo institucional. El Senado aprobó este lunes, con 60 votos frente a 40, el paso decisivo para poner fin al cierre de Gobierno más largo que ha vivido Estados Unidos. El país acumuló 41 días de parálisis parcial en la Administración federal y una presión creciente sobre los servicios esenciales, especialmente en el tráfico aéreo.
El avance en la Cámara alta llegó después de que siete senadores demócratas y un independiente decidieran apoyar la propuesta republicana. Su gesto abrió una brecha interna de gran calado. Los ocho legisladores defendieron que el acuerdo representaba “el único pacto posible” para reactivar la Administración y evitar un colapso mayor del sistema federal. La propuesta incluye la reapertura de las agencias hasta finales de enero, la financiación de cupones de alimentos hasta 2026 y la garantía de que la Administración recontratará a los empleados despedidos durante estas seis semanas, con salarios retroactivos.
El respaldo de los disidentes expuso a la bancada liberal a una crisis existencial que muchos consideraban superada tras los buenos resultados electorales del pasado noviembre. La negativa a renunciar a los subsidios médicos de Obamacare —cuyo fin previsto a final de año elevará los costes sanitarios para millones de estadounidenses— se convirtió en el principal eje de resistencia. Por eso, la decisión de los desertores levantó críticas inmediatas desde figuras influyentes del propio partido, como el representante Ro Khanna, que pidió sustituir al líder demócrata en el Senado, Chuck Schumer, por no mantener un frente unido.
Presión de Trump
Trump intervino desde su red social y prometió un bonus de 10.000 dólares a los controladores aéreos que siguieron trabajando sin cobrar, mientras lanzaba advertencias al resto de empleados federales. Su mensaje reforzó la percepción de que la Casa Blanca ve esta crisis como un terreno político para afianzar su autoridad.
En paralelo, el caos en los aeropuertos se convirtió en uno de los factores más determinantes para acelerar el pacto. La FAA canceló centenares de vuelos y anticipó más de un millar de cancelaciones adicionales este lunes. La incertidumbre continúa, porque la reapertura aún requiere la votación en la Cámara de Representantes y la firma del presidente.
En Washington persiste la pregunta de si este mismo acuerdo habría sido posible antes de llevar a los funcionarios, a los servicios públicos y al país entero al límite. Más allá de la política inmediata, el desenlace ofrece una lección duradera: la fragmentación interna en los partidos estadounidenses puede redefinir la gobernabilidad en momentos críticos.






