La gestión de la secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Kristi Noem, atraviesa su momento más delicado desde el inicio del segundo mandato de Donald Trump. La muerte de dos ciudadanos estadounidenses a manos de agentes federales en Minneapolis ha desatado una crisis política y social que ya supera el ámbito local y se proyecta sobre el conjunto de la política migratoria y de seguridad interior del país. En este contexto, la posición de Noem dentro de la Administración aparece cada vez más debilitada.
El movimiento más revelador llegó este lunes, cuando Trump decidió apartar de facto a su secretaria del control directo de la situación en Minnesota y anunció el envío del “zar de la frontera”, Tom Homan, para gestionar las protestas contra el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). El presidente subrayó que Homan “reportará directamente” a la Casa Blanca, un mensaje que reduce el margen de maniobra de Noem en el departamento que ella dirige. Aunque la secretaria acogió públicamente la decisión con un mensaje de apoyo, el gesto presidencial refleja una pérdida de confianza difícil de disimular.
La crisis se ha visto agravada por el cuestionamiento público de la narrativa defendida por Noem tras el tiroteo mortal de Alex Pretti, ocurrido el pasado fin de semana. El Departamento de Justicia evitó respaldar su calificación del fallecido como terrorista doméstico, lo que dejó a la secretaria políticamente expuesta. A este episodio se suma la muerte, en enero, de Renee Nicole Good, también en una operación federal, lo que ha convertido a Minneapolis en un símbolo nacional de la creciente tensión en torno a las actuaciones de ICE.
2.000 agentes federales
Noem ha defendido con firmeza la operación Metro Surge, que desplegó a unos 2.000 agentes federales en la ciudad, y ha insistido en que se trata de una actuación “legal y necesaria”. Sin embargo, imágenes difundidas en redes sociales, relatos de autoridades locales y el aumento de las protestas han erosionado la credibilidad de ese mensaje. El Departamento de Seguridad Nacional se enfrenta así a una batalla por el control del relato que, por ahora, no logra encauzar.
En el plano político, la secretaria se ha convertido en un punto de convergencia de las críticas. Los demócratas la sitúan en el centro de posibles investigaciones parlamentarias y no descartan utilizar la crisis en futuras negociaciones presupuestarias. Incluso dentro del Partido Republicano surgen dudas, no tanto sobre la dureza de la política migratoria, sino sobre errores de comunicación y afirmaciones inexactas sobre la legalidad de portar armas en protestas en Minnesota.
El apoyo del electorado más fiel a Trump sigue siendo un activo para Noem, pero su elevada visibilidad también juega en su contra. En anteriores etapas, el presidente ha optado por relevar a colaboradores cuando la polémica se prolonga y amenaza con salpicar a la Casa Blanca. Si la crisis de Minneapolis continúa escalando, el futuro político de Kristi Noem dependerá menos de su lealtad y más de su capacidad para dejar de ser un foco de desgaste para el propio Trump.






