Un fallo técnico en los sistemas del controlador aéreo británico NATS ha dejado más de 2.000 vuelos cancelados en apenas dos días, afectando a cerca de 250.000 pasajeros en todo el Reino Unido e incluso en Irlanda. El martes, 1.746 vuelos fueron suprimidos, lo que representó al menos el 30% de los vuelos programados en el país. Este miércoles, la cifra se redujo al entorno del 5%, con otros 327 vuelos suspendidos.
El aeropuerto de Heathrow, el de mayor tráfico del Reino Unido y uno de los más concurridos de Europa, concentra buena parte del impacto: 120 llegadas y 67 salidas canceladas. La aerolínea British Airways, con al menos 190 vuelos suprimidos este miércoles, reconoció sin ambages que «con tantos aviones y tripulaciones fuera de lugar, no les quedó más remedio que cancelar» esos servicios.
Rolfe descarta el ciberataque, pero las críticas no cesan
El director ejecutivo de NATS, Martin Rolfe, compareció este miércoles en BBC Radio para descartar que el origen del incidente fuera un ciberataque y anunció una investigación «exhaustiva» para determinar qué ocurrió exactamente. Sus palabras, sin embargo, no han calmado los ánimos del sector.
Ryanair, la aerolínea irlandesa de bajo coste, ha encabezado las críticas y ha exigido públicamente la dimisión de Rolfe. La presión política también aumenta: la ministra de Transportes, Heidi Alexander, ha convocado al director de NATS para abordar un episodio que ya se califica como la tercera gran interrupción aérea en el país en poco más de tres años.
El precedente más cercano ocurrió en agosto de 2023, cuando un fallo en los mismos sistemas de procesamiento de NATS dejó a más de 700.000 personas con vuelos interrumpidos o cancelados. En julio de 2025, otro «problema técnico» en un centro de control próximo a Londres volvió a impactar en decenas de rutas, aunque se resolvió en cuestión de minutos.
Un patrón de fallos que pone en cuestión la infraestructura aérea británica
La sucesión de incidentes en tan poco tiempo abre un debate de fondo sobre la resiliencia de la infraestructura de control aéreo en el Reino Unido. La concentración del tráfico en un sistema centralizado como el de NATS implica que cualquier anomalía técnica se amplifica con rapidez y se traduce en un efecto cascada que ninguna aerolínea puede absorber sola.
El periodista especializado en viajes Simon Calder cifró en 250.000 los afectados solo por el incidente del martes, una cifra que ilustra la escala del problema y que difícilmente quedará sin respuesta política en los próximos días.






