El primer Consejo de Ministros tras el receso estival ha puesto de relieve la magnitud de los desafíos climáticos en España. El Gobierno ha declarado zonas catastróficas —ahora denominadas oficialmente “zonas afectadas por una emergencia”— aquellas áreas devastadas durante el verano por incendios forestales y riadas. Esta medida sienta las bases para agilizar la concesión de ayudas directas y beneficios fiscales a personas y sectores especialmente golpeados por los recientes desastres naturales, que solo en los últimos dos meses han provocado 121 emergencias de protección civil en distintas comunidades autónomas.
Paralelamente, el Ejecutivo prepara una revisión integral de las ayudas económicas destinadas a damnificados por catástrofes. La normativa vigente, que data de 2005, será actualizada para ajustarse a la realidad de daños y pérdidas derivadas de episodios climáticos más severos y frecuentes. El Ministerio del Interior ha subrayado que las futuras ayudas económicas prevén criterios más realistas y proporcionales a los desafíos del cambio climático, con la intención de aplicar esa actualización con carácter retroactivo una vez que se apruebe el correspondiente real decreto. Mientras tanto, se mantienen los importes vigentes, considerada una solución transitoria ante la proliferación de grandes incendios, como los 15 que aún permanecían activos en el noroeste peninsular en fecha reciente.
Más medidas
Además de compensaciones directas y revisión de cuantías, el Gobierno ofrece exenciones fiscales y otros mecanismos de alivio económico a los afectados, como parte de una política de protección civil que busca consolidar la resiliencia social, empresarial y medioambiental. Desde la erupción volcánica de La Palma hasta las recientes inundaciones, la intervención pública incorpora experiencias previas y refuerza la apuesta por un marco nacional de gestión integral de crisis climáticas, abierto a compromisos de coordinación interadministrativa a largo plazo.
El debate político sobre la gestión de los incendios —y el propio concepto de zona catastrófica— se ha reavivado en este contexto. Desde la oposición, se ha reclamado mayor contundencia en la movilización de recursos y se han planteado propuestas legislativas para la prevención y la mejora de la respuesta ante episodios extremos. El Gobierno, por su parte, sostiene la necesidad de consenso y señala la creciente urgencia de pactos estables que trasciendan intereses partidistas y fortalezcan la hoja de ruta frente a un clima cada vez más impredecible.
La política de protección civil enfrenta así la doble exigencia de la inmediatez en el auxilio a personas, empresas y explotaciones agrarias afectadas, y la adaptación sostenida de los instrumentos normativos en un entorno de riesgo creciente. El compromiso por actualizar el sistema de ayudas refuerza la posición de España hacia un modelo preventivo, integral y flexible ante la intensificación de los fenómenos climáticos.






