Mette Frederiksen ha logrado lo que pocos líderes europeos pueden decir: formar su tercer gobierno consecutivo. La primera ministra danesa selló este lunes un acuerdo de coalición con el Partido Social Liberal, la Izquierda Verde y los Moderados de Lars Løkke Rasmussen, cerrando así 69 días de negociaciones marcadas por idas y venidas entre bloques y por la figura de Rasmussen como árbitro decisivo.
Los cuatro partidos gobernarán en minoría parlamentaria. Para sacar adelante su agenda necesitarán el respaldo externo de los ecologistas de Alternativa y de la Alianza Roji-Verde, lo que ya genera interrogantes sobre la estabilidad del ejecutivo. «Sobre el papel, debería ser un Gobierno muy inestable», advierte el comentarista político danés Jonas Laursen, aunque matiza que la experiencia de los líderes implicados y la solidez de sus relaciones personales pueden compensar esa fragilidad aritmética.
Si Frederiksen logra agotar la legislatura, se convertirá en la primera ministra danesa con más años en el cargo desde la Segunda Guerra Mundial. Un mérito notable si se tiene en cuenta que, en las legislativas de marzo, su partido registró su peor resultado histórico desde 1903.
Rasmussen, el árbitro que rompió sus propias promesas
El papel de Rasmussen ha sido, cuanto menos, contradictorio. El líder de los Moderados había prometido en campaña un gobierno de centro que excluyera los extremos parlamentarios. Sin embargo, terminó aceptando que la nueva coalición dependiera del apoyo de la Alianza Roji-Verde para alcanzar mayorías. Cuando se le preguntó por ello, se escudó en que no había sido él quien había compuesto el Parlamento, sino los ciudadanos daneses. «Creo que hemos puesto a prueba la paciencia de la gente», reconoció.
Laursen advierte de que esta posición le dejará expuesto: «Los Moderados estarán bajo ataque constante de la derecha, que sostiene que existía una alternativa». Destacar sus logros concretos, como la simplificación del impuesto sobre la renta, será clave para su supervivencia política. Pero el analista también señala que el acuerdo incluye congelaciones de umbrales impositivos que, en la práctica, equivalen a subidas de impuestos para muchos contribuyentes.
Defensa, Groenlandia y bienestar: una agenda ambiciosa con financiación incierta
En el plano de la seguridad, el nuevo ejecutivo se compromete a elevar el gasto en defensa hasta el 3,5% del PIB para 2030, dentro de un marco más amplio del 5% que incluye seguridad y preparación civil, en línea con las exigencias de la Administración Trump a los aliados europeos de la OTAN. Además, el acuerdo programático reafirma la soberanía danesa sobre Groenlandia frente a las presiones de Washington: «El Gobierno se mantendrá firme en la defensa de la soberanía del Reino, su integridad territorial y su derecho a la autodeterminación».
En el terreno social, la coalición promete atención dental gratuita en un plazo de diez años, transporte público sin coste para menores de 22 años y la eliminación del IVA para frutas y verduras. Una parte de esas medidas llegó de la mano de Pelle Dragsted, líder de la Alianza Roji-Verde, que también consiguió que las empresas públicas de vivienda social tengan derecho preferente para adquirir viviendas privadas de alquiler, con el objetivo de frenar la especulación inmobiliaria.
Laursen resume con precisión el dilema de fondo: «El Gobierno quiere aumentar el gasto en muchas áreas del Estado de bienestar y, al mismo tiempo, recortar impuestos. La financiación presentada no cubre todo el programa». Su diagnóstico es claro: «Existe una buena probabilidad de que este Gobierno no logre aprobar todas sus políticas. Quizás han mordido más de lo que pueden masticar».






