Donald Trump ha anunciado un acuerdo de seguridad con Groenlandia que refuerza la presencia militar de Estados Unidos en la isla ártica, aunque queda muy lejos del control soberano que el presidente estadounidense había convertido en una de sus prioridades desde el inicio de su segundo mandato. El acuerdo, que se firmará en el marco de la Asamblea General de las Naciones Unidas, amplía los derechos operativos del ejército estadounidense en la isla, pero no altera su estatus político.
«Estados Unidos tendrá para siempre plena capacidad para hacer lo que sea necesario en Groenlandia», escribió Trump en redes sociales. «Comenzaremos de inmediato el proceso para establecer una importante presencia militar en la zona adecuada de Groenlandia».
Los gobiernos de Groenlandia y Dinamarca confirmaron rápidamente el acuerdo. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, lo describió como un paso que «garantiza y refuerza la seguridad de Groenlandia, el Reino de Dinamarca, Estados Unidos y la alianza occidental». Por su parte, Jens-Frederik Nielsen, líder del gobierno groenlandés, afirmó que el texto «reconoce los intereses de Groenlandia y nuestro lugar en la cooperación internacional».
Más bases, menos de lo prometido
El acuerdo permitirá incrementar el número de bases militares estadounidenses en la isla y garantiza la presencia de EEUU incluso en el hipotético escenario de una Groenlandia independiente. También prohíbe expresamente que países ajenos a la OTAN —con China y Rusia en el punto de mira— establezcan bases o realicen inversiones que supongan una amenaza para la seguridad estadounidense. El secretario de Estado, Marco Rubio, lo dejó claro: «Groenlandia formará parte para siempre del área estratégica de defensa de América del Norte».
Sin embargo, el resultado se parece más a la contraoferta danesa que a las ambiciones originales de Trump. El acuerdo actualiza y amplía el tratado de 2004, que ya otorgaba al ejército estadounidense una amplia libertad de operación en la isla. Dinamarca, de hecho, llevaba años bloqueando las inversiones chinas en Groenlandia mucho antes de que Trump pusiera el territorio en el centro del debate estratégico.
Estados Unidos mantiene actualmente unos 150 soldados en la base espacial de Pituffik. El vicepresidente JD Vance visitó las instalaciones el año pasado, en plena ofensiva de la Casa Blanca para presionar por el control de la isla. Las encuestas, sin embargo, muestran de forma consistente que la mayoría de los groenlandeses rechaza cualquier fórmula de incorporación formal a Estados Unidos.
Una victoria táctica con límites políticos
El episodio ilustra las tensiones dentro de la propia lógica trumpiana: una retórica de máximos que termina traduciéndose en ganancias reales pero más modestas. La OTAN ya cubría a Groenlandia como territorio danés, y los aliados europeos habían expresado su malestar ante la posibilidad de que Washington utilizara la presión militar contra un socio del Atlántico Norte. El acuerdo cierra ese flanco diplomático, pero deja abierta la pregunta de hasta dónde llegará la ambición estratégica estadounidense en el Ártico.






