Felipe VI elevó este martes el tono sobre la crisis de Ceuta en el escenario más cargado de simbolismo posible: la cena de gala celebrada en el Palacio Real en honor al presidente francés, Emmanuel Macron, y ante el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. «La intrusión masiva de decenas de miles de personas violando la frontera española que es, también, europea, es inaceptable», proclamó el Rey ante cerca de un centenar de invitados.
Felipe VI aprovechó además el momento para reclamar solidaridad comunitaria de forma directa: «Los países que soportamos una mayor presión por encontrarnos en la frontera exterior de la Unión Europea no podemos afrontar solos una responsabilidad que es de todos». Era la segunda vez que el monarca se pronunciaba sobre la crisis ceutí —la primera había sido dos semanas antes, cuando alertó de una situación «de extraordinaria complejidad»—, pero en esta ocasión el mensaje fue más contundente y llegó ante un interlocutor de primer nivel.
Macron escucha pero no responde sobre Ceuta
La elección del momento no fue casual. La visita de Estado del presidente francés ofrecía al Rey el marco idóneo para recordar que la valla de Ceuta no es únicamente una frontera española, sino también europea, y que el asalto de los días 30 y 31 de mayo plantea, en sus propias palabras, «un desafío mayúsculo, desde el punto de vista de la seguridad, el orden público y lo humanitario». El mensaje iba dirigido, sin ambigüedad, a los socios comunitarios.
Sin embargo, Macron no recogió el guante. En su discurso no hizo ninguna alusión a la crisis ceutí y centró su intervención en el apoyo a Ucrania ante la invasión rusa, la defensa del orden internacional basado en «el derecho y en el diálogo» y la necesidad de construir «una Europa más fuerte, más democrática, más próspera y más soberana». Un silencio que, en diplomacia, rara vez es neutral.
Ambos mandatarios coincidieron, en cambio, en las llamadas al europeísmo y al fortalecimiento de los lazos bilaterales. Felipe VI recurrió a la figura del escritor Jorge Semprún para ilustrar el nexo histórico entre España y Francia, mientras que Macron llegó a intervenir en español en los tramos inicial y final de su discurso y recordó que el propio Palacio Real es testimonio de esa historia compartida, levantado por impulso de Felipe V, duque de Anjou.
El Tratado de Amistad, herida abierta a escasos metros
Mientras la cena transcurría en el Palacio Real, a pocos cientos de metros el Senado hacía decaer el Tratado de Amistad España-Francia. El Partido Popular, que ya había recurrido el acuerdo ante el Tribunal Constitucional —que lo avaló la semana pasada—, mantuvo su voto en contra pese al aval judicial. «Que sea constitucional no quiere decir que lo apoyemos políticamente», precisaron fuentes populares. El líder del partido, Alberto Núñez Feijóo, no asistió a la cena de gala al estar de viaje.
Macron no esquivó el asunto y confió en que el tratado terminará saliendo adelante: «Llegaremos a ello». El Gobierno de Sánchez, que impulsó el acuerdo y lleva meses sin poder ratificarlo, encajó otro golpe parlamentario en uno de los días en los que más le convenía proyectar estabilidad ante su homólogo francés.






