Aragón consolida un giro político a la derecha que trasciende el ámbito autonómico y refuerza una tendencia con claras implicaciones nacionales. El PP de Jorge Azcón vuelve a imponerse en las elecciones aragonesas, aunque lo hace con un respaldo menguante, mientras Vox de Santiago Abascal capitaliza el descontento y duplica su representación parlamentaria. El resultado no solo reconfigura el equilibrio interno del bloque conservador, sino que vuelve a situar a la izquierda en una posición defensiva, con un PSOE encabezado por Pilar Alegría que firma uno de sus peores registros históricos.
Con el 98 % del voto escrutado, el PP pierde dos escaños respecto a la anterior legislatura, pero conserva la primera posición. Vox, en cambio, pasa de siete a catorce diputados y se convierte en el actor decisivo para la gobernabilidad. Esta combinación obliga a Azcón a negociar desde una posición más débil con una formación que ya ha demostrado escasa disposición a facilitar investiduras sin contrapartidas políticas claras. La abstención no bastaría: Vox deberá votar a favor si el líder popular quiere revalidar la presidencia.
El paralelismo con Extremadura resulta evidente y refuerza la lectura de ciclo. En ambos casos, adelantos electorales impulsados por dirigentes del PP buscaban reducir la dependencia de Vox y acabar generando el efecto contrario. A diferencia de María Guardiola, que logró mantenerse con una abstención estratégica, Azcón afronta ahora un escenario más exigente. Vox sale fortalecido y sin incentivos para rebajar su precio político.
En el flanco izquierdo, el PSOE de Pilar Alegría sufre un nuevo retroceso que va más allá de la coyuntura local. Pierde cinco escaños, se queda en el 24 % de los votos y empata su peor resultado histórico en Aragón. Ni el perfil ministerial de la candidata ni el respaldo directo de Pedro Sánchez han logrado contener una erosión que ya se manifestó con crudeza en Extremadura. El desgaste del Gobierno central y la falta de un relato territorial sólido vuelven a pasar factura.
Horizonte electoral
La fragmentación de la izquierda agrava el escenario. Podemos desaparece del Parlamento autonómico, Izquierda Unida conserva un único escaño dentro de Sumar y Aragón Existe retrocede. La única excepción es Chunta Aragonesista, que dobla su representación hasta los seis diputados y reivindica un discurso regionalista como dique frente al avance de Vox. En paralelo, el PAR queda fuera de las Cortes por primera vez en democracia, certificando la crisis del centro-derecha autonómico tradicional.
Aragón refuerza así su papel como laboratorio electoral. Con Castilla y León y Andalucía en el horizonte, el resultado envía una señal inquietante para el PSOE y para el Gobierno de Sánchez, que sigue acumulando avisos sin corregir el rumbo. El bloque de la derecha suma más fuerza, pero también más fricción interna. La estabilidad dependerá menos de las urnas que de la capacidad —o incapacidad— de sus líderes para entenderse.






