La orden del presidente Donald Trump de intervenir militarmente en Venezuela se materializó en una ofensiva aérea y helicoportada dirigida contra una red de infraestructuras clave del Estado venezolano como objetivos militares. Bases militares, aeropuertos, puertos y nodos de telecomunicaciones concentraron los primeros golpes de una operación que Washington presentó como parte de una estrategia más amplia para neutralizar la capacidad de respuesta del régimen chavista y facilitar la captura de Nicolás Maduro.
Las explosiones comenzaron en torno a las tres de la madrugada en Caracas y se extendieron rápidamente a los estados de Miranda, Aragua y La Guaira. Aviones y helicópteros estadounidenses sobrevolaron zonas urbanas y militares a baja altura mientras se producían impactos simultáneos en instalaciones consideradas críticas para el mando, el control y la logística de las Fuerzas Armadas venezolanas. El patrón de ataque sugiere una operación diseñada para aislar la capital, desorganizar la cadena de mando y limitar cualquier intento de contraofensiva aérea o terrestre.
Objetivos militares
Entre los objetivos prioritarios figuró Fuerte Tiuna, el mayor complejo militar del país y sede del Ministerio de Defensa. El ataque contra esta instalación buscó afectar directamente al núcleo de planificación militar del chavismo. También recibieron impactos la base aérea El Libertador (Palo Negro), principal plataforma operativa de la aviación venezolana, y la base Generalísimo Francisco de Miranda (La Carlota), clave para la defensa aérea de Caracas. A estas se sumó el aeropuerto de Higuerote, donde se registraron explosiones secundarias de gran magnitud, según imágenes difundidas por fuentes OSINT.
En el plano marítimo, el puerto de La Guaira, fundamental para el abastecimiento de la capital y para las importaciones estratégicas, sufrió daños visibles en muelles e instalaciones, con al menos una embarcación incendiada. Asimismo, los los objetivos militares alcanzaron el Cerro El Volcán, enclave esencial para las telecomunicaciones nacionales de Venezuela, lo que provocó interrupciones eléctricas y fallos parciales de señal en varios sectores del sur de Caracas.
Doctrina Monroe
Según explica el analista de El Orden Mundial, David Gómez, esta intervención “representa la culminación de la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos”, basada en la reafirmación del dominio de Washington sobre el hemisferio occidental. Gómez subraya que Trump ha recuperado de facto la doctrina Monroe, una línea que también se refleja en la presión sobre Panamá, Colombia o Brasil, y cuyo objetivo central consiste en alinear a los gobiernos latinoamericanos con la agenda estadounidense y frenar la influencia de China en la región.
En ese marco, la caída del régimen chavista ocupa un lugar central. Para Washington, Venezuela constituye uno de los últimos bastiones del socialismo en América, y su neutralización envía un mensaje disuasorio a otros actores regionales. Además, Gómez apunta que el colapso del poder en Caracas dejaría al régimen cubano en una posición de aislamiento estratégico, uno de los grandes objetivos del secretario de Estado Marco Rubio.
🇺🇸🇻🇪 La intervención de Estados Unidos en Venezuela es la culminación de su Estrategia de Seguridad Nacional.
— David Gómez (@David_Gmez99) January 3, 2026
Trump considera que el poder de Washington pasa por reafirmar su dominio en el hemisferio occidental.
Eso se traduce en un nuevo intervencionismo en América. ⬇️ https://t.co/Us4E6CHAQM
La ofensiva, más allá de la captura de Maduro, muestra hasta qué punto la política latinoamericana ha adquirido un peso estructural en la agenda de seguridad estadounidense y cómo Florida se ha convertido en un eje determinante de la toma de decisiones en Washington.






