El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, defendió en el Congreso su gestión tras el accidente ferroviario de Adamuz, en un debate marcado por el cruce de acusaciones con el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, y por un tono político que desbordó el análisis técnico del siniestro y la seguridad ferroviaria. Sánchez aseguró que el Ejecutivo actuó con rapidez, que el sistema ferroviario español mantiene altos estándares de seguridad y que el Estado llegará “hasta el final” para esclarecer lo ocurrido. Al mismo tiempo, acusó al Partido Popular de alimentar la zozobra mediante “bulos” y desinformación en un momento de máxima sensibilidad social.
El jefe del Ejecutivo reconstruyó de forma cronológica la respuesta institucional tras el accidente, apoyándose en los datos ya expuestos por el ministro de Transportes, Óscar Puente. Reivindicó la activación inmediata de los protocolos de emergencia y la publicación de un primer informe preliminar apenas cinco días después. Sánchez insistió en que ese documento no resulta concluyente y pidió evitar especulaciones, aunque su intervención se deslizó pronto hacia el terreno político. Desde la tribuna, reprochó a Feijóo haber utilizado tragedias pasadas —como Angrois, el Yak-42 o el accidente del Metro de Valencia— como arma arrojadiza, una comparación que tensó aún más el debate.
“Jugar a la ruleta rusa”.
Sánchez defendió que el sistema ferroviario español figura entre “los mejores del mundo” y rechazó de plano la idea de una red decadente o insegura. Para sostener ese argumento, afirmó que la inversión en infraestructuras ha aumentado un 75% y que el gasto en mantenimiento por kilómetro de vía supera en más de un 50% las cifras de ejercicios anteriores. El presidente trató de proyectar una imagen de solvencia estructural, aunque evitó entrar en autocrítica directa sobre la supervisión política del sistema, un vacío que la oposición explotó con dureza.
Feijóo acusó al Gobierno de “jugar a la ruleta rusa” con la seguridad de los ciudadanos y calificó el discurso presidencial de “tomadura de pelo”. A su juicio, el accidente de Adamuz resultó evitable y responde a una cadena de negligencias acumuladas. El líder del PP reclamó la dimisión tanto de Sánchez como de Óscar Puente y reprochó al presidente una actitud distante hacia las víctimas, subrayando el desgaste institucional que, según él, arrastra el país.
El resto de grupos parlamentarios amplificaron la polarización. Vox habló abiertamente de “crimen”, mientras que los socios del Gobierno combinaron su respaldo con críticas sectoriales, desde el modelo ferroviario catalán hasta la política de vivienda. En ese contexto, Sánchez optó por refugiarse en la herencia recibida y en un relato de inversión sostenida, una estrategia que le permite ganar tiempo político, pero que deja abierta la cuestión central: si la gestión preventiva y el control del sistema han estado a la altura. Adamuz se consolida así no solo como un accidente ferroviario, sino como un punto de inflexión en la credibilidad del Ejecutivo en materia de seguridad pública.






