Siete años y medio después de llegar a La Moncloa, Pedro Sánchez afronta uno de los momentos más delicados de su mandato con el cerco cada vez más estrecho de la corrupción. La coincidencia de varios escándalos de corrupción y de denuncias por acoso sexual vinculadas al PSOE ha generado un escenario de bloqueo político que limita la capacidad del Ejecutivo para recuperar la iniciativa y proyectar estabilidad, tanto en el ámbito interno como ante sus socios europeos.
La crisis no se explica por un único episodio, sino por la superposición de factores que erosionan la credibilidad del Gobierno. Por un lado, las investigaciones judiciales en curso, que han implicado registros policiales y detenciones, han reactivado un debate estructural sobre la relación entre poder político y control institucional en España. Por otro, la aparición de varios casos de acoso sexual ha golpeado de forma directa a la imagen del PSOE, un partido que ha construido buena parte de su legitimidad reciente sobre el feminismo y la igualdad de género.
Contención
Pedro Sánchez ha optado, por el momento, por una estrategia de contención tras el continuo goteo de casos de corrupción. El presidente descarta una remodelación profunda del Gobierno y rechaza también la convocatoria anticipada de elecciones generales. Desde su entorno se insiste en que la prioridad debe seguir siendo la gestión: la ejecución de los fondos europeos, las subidas de pensiones y salario mínimo, y las políticas de vivienda. Esta línea busca proyectar una idea de continuidad institucional frente a una oposición que habla abiertamente de fin de ciclo.
Sin embargo, los socios parlamentarios muestran una inquietud creciente. Sumar exige un giro político y una respuesta más contundente, mientras que formaciones como el PNV o ERC presionan para que el Ejecutivo actúe con mayor firmeza sin provocar una ruptura que desemboque en elecciones anticipadas. En todos los casos, subyace un cálculo compartido: el actual equilibrio parlamentario es frágil, pero la alternativa podría favorecer a un bloque conservador reforzado por Vox, con implicaciones profundas para la política territorial y judicial del país.
Ofensiva de la oposición
El Partido Popular, liderado por Alberto Núñez Feijóo, ha intensificado su ofensiva política, aunque evita presentar una moción de censura que considera inviable. Su estrategia se centra en una erosión progresiva del PSOE a través de una sucesión de citas electorales autonómicas, confiando en que el desgaste acumulado debilite la posición de Sánchez antes de las generales.
En este contexto, la figura del presidente aparece tensionada entre dos tiempos: el corto plazo, marcado por la presión judicial, mediática y electoral, y el medio plazo, donde se juega no solo la continuidad del Gobierno, sino la capacidad de la izquierda española para reorganizarse ante un posible cambio de ciclo. La decisión sobre cuándo convocar elecciones generales se perfila así como una de las claves estratégicas más relevantes del actual mandato.






