La mayoría absoluta del Partido Popular en el Senado, con el apoyo de Vox, ha tumbado este martes el Tratado de Amistad y Cooperación entre España y Francia en el momento más incómodo posible para el Gobierno: mientras Emmanuel Macron cenaba como invitado de honor en el Palacio de Oriente, agasajado por los Reyes en una cena de gala. El resultado de la votación —142 votos en contra, 106 a favor y una abstención— supone la caída definitiva de un acuerdo firmado hace tres años por Pedro Sánchez y el presidente francés.
La coincidencia entre el rechazo parlamentario y la visita de Estado del líder galo no puede interpretarse como casual. El debate y la votación se celebraron en la Cámara Alta en el mismo instante en que los invitados se congregaban en el Palacio de Oriente, lo que convierte el episodio en una imagen política de alto impacto, tanto para la relación bilateral como para la credibilidad del Ejecutivo ante París.
Un texto que no admite enmiendas ni segundas oportunidades inmediatas
El golpe tiene mayor calado porque el tratado es un documento cerrado, no susceptible de modificaciones parlamentarias. Eso descarta la vía de una comisión mixta Congreso-Senado que pudiera salvar el acuerdo con ajustes. La única salida que le queda al Gobierno pasa por renegociar el texto con Francia —probablemente reformulando el polémico artículo que preveía la presencia de un ministro francés en el Consejo de Ministros español— y reiniciar desde cero toda la tramitación parlamentaria.
El Tribunal Constitucional ya había despejado el principal escollo jurídico: en respuesta al recurso del propio PP, declaró que el tratado no vulneraba la Constitución, al entender que el artículo conflictivo quedaba suficientemente matizado por el canje de notas firmado por los ministros de Exteriores de ambos países. Según esas notas, la presencia del ministro extranjero se produjo «en los márgenes» y en una reunión «por separado» del Consejo.
Los populares no se dieron por satisfechos. Argumentaron que un tratado internacional no puede quedar definido por un simple intercambio de cartas ministeriales que «no ha sido debatido por nadie», y aprovecharon para señalar que el texto tampoco aborda asuntos pendientes de calado, como las conexiones ferroviarias y energéticas entre los dos países.
Las contradicciones del rechazo y las posiciones del resto de grupos
Vox fue aún más tajante: tachó el tratado de «antiguo» y descartó cualquier interpretación que admitiera a un ministro francés en el Consejo de Ministros español. Junts aprovechó el debate para reivindicar a Cataluña como nación y consideró el texto insuficiente. EH Bildu reconoció elementos positivos pero tampoco lo apoyó con entusiasmo. El PNV sí respaldó el acuerdo, por el peso que la cooperación transfronteriza tiene para Euskadi.
El PSOE defendió el tratado con ardor. La senadora Concepción Andreu calificó a los populares de «desgracia» para el país. El Gobierno, por su parte, deberá explicarle a Macron cómo gestionar el naufragio de un texto que lleva su firma y la de Sánchez, en una noche en la que ambos compartían mesa y protocolo.






