Magdalena Andersson, líder del Partido Socialdemócrata sueco, renunció este lunes a intentar formar gobierno diez días después de recibir el encargo, víctima de una paradoja parlamentaria difícil de resolver: sus propios aliados de izquierda decidieron apoyar al candidato conservador para presidir la Cámara, dejándola sin margen para avanzar.
El bloque de centroizquierda que lidera Andersson ganó las elecciones legislativas del pasado 13 de septiembre por un margen muy estrecho, con 176 escaños frente a 173. Sin embargo, esa ventaja numérica se ha revelado insuficiente ante la fragmentación interna del propio bloque.
Las fracturas son de calado. El Partido de Izquierda solo acepta apoyar un ejecutivo del que forme parte activa, mientras que el Partido Centrista se niega a respaldar cualquier gobierno que cuente con los socialistas. Dos vetos cruzados que dejan a Andersson sin espacio para construir una mayoría viable.
La jugada del Partido de Izquierda que lo cambió todo
La víspera, el Partido de Izquierda anunció que respaldaría al presidente de la Cámara en funciones, el conservador Andreas Norlén, por considerarlo el candidato más adecuado para gestionar el proceso de negociación. Al mismo tiempo, insistía en que seguía apoyando a Andersson como primera ministra, una posición que la propia líder socialdemócrata no aceptó como suficiente.
«Hoy comunicaré al presidente del Parlamento que devuelvo el encargo de dirigir los contactos. El motivo es sencillo: en el Parlamento sueco, es el partido más votado el que desempeña el rol de presidente de la Cámara», afirmó Andersson en rueda de prensa. La líder también señaló que, en la situación actual, «no hay ninguna posibilidad de formar un nuevo gobierno» y constató la existencia de «una nueva constelación parlamentaria de socialistas y conservadores».
El turno pasa ahora al primer ministro en funciones, el conservador Ulf Kristersson, que se perfila como el encargado de liderar los contactos, aunque tampoco cuenta con una mayoría asegurada. El Partido Centrista ha dejado claro que no apoyará ningún acuerdo que implique al ultraderechista Demócratas de Suecia (SD), tercera fuerza parlamentaria y apoyo externo del ejecutivo de Kristersson durante la pasada legislatura.
Un resultado electoral que refleja la fragmentación sueca
El Partido Socialdemócrata ganó los comicios con el 28 %, su peor resultado en casi un siglo. Le siguieron el Partido Conservador con el 19,8 % y Demócratas de Suecia, que retrocedió tres puntos y perdió su posición como segunda fuerza parlamentaria. Un mapa electoral fracturado que ahora convierte la formación de gobierno en un rompecabezas sin solución fácil a la vista.






