Israel despierta de nuevo en el estancamiento político. Tras las elecciones del 27 de octubre de 2026, Benjamín Netanyahu ha perdido la mayoría en la Knésset y también la posibilidad de gobernar con sus socios ultraortodoxos y ultranacionalistas. Su rival, el ex general Gadi Eisenkot, tampoco reúne los 61 escaños necesarios sobre un total de 120. El país vuelve así al bloqueo que marcó cuatro años de su vida política antes de los gobiernos de Naftali Bennett y Yair Lapid (2021-2022) y del propio Netanyahu (2023-2026).
Los números reflejan el golpe. El Likud baja de 32 a 26 escaños y el bloque del primer ministro pasa de los 64 de 2022 (ampliados a 68 en el último año) a 53. Frente a él, el campo contrario suma 67. Pero esa ventaja no se traduce de forma automática en un Gobierno, y a ello se añade que falta por contar el voto de los llamados "sobres dobles", unas 450.000 papeletas de diplomáticos, policías y militares. Ese recuento puede mover algún escaño, aunque no se espera que devuelva la mayoría a Netanyahu.
La Bolsa de Tel Aviv acusó la incertidumbre. Y los israelíes, que acudieron en masa a las urnas precisamente para lograr un Gobierno claro y sin pactos con el rival, se preguntan con resignación qué viene ahora.
Un tercer bloque con llave propia
La novedad es que los dos partidos árabes ofrecen sus 19 escaños a Eisenkot para que forme Gobierno. Es un tercer bloque con una fuerza inédita, que convierte al ex jefe del Estado Mayor en pieza central del tablero. Su campo se movilizó por el enfado ante el fracaso del 7 de octubre de 2023 y por la negativa de Netanyahu a asumir responsabilidades y a crear una comisión de investigación.
Netanyahu, sin embargo, celebra el resultado. Considera un éxito haber movilizado a los suyos y que el bloque de Eisenkot quedase lejos de los 61. En su discurso de madrugada recurrió al factor Irán: "Hemos golpeado al régimen iraní. Irán está más débil que nunca e Israel más fuerte que nunca". Eisenkot respondió que el primer ministro está "en transición y sin mandato" y le pidió: "No uses la seguridad de Israel para tus necesidades políticas".
Tres escenarios sobre la mesa
El primero es un Gobierno de unidad entre Netanyahu y Eisenkot, la opción que prefiere la Administración Trump. Rompería las promesas electorales de ambos, dejaría a Itamar Ben Gvir en la oposición y exigiría acuerdos sobre la comisión de investigación del 7-O y la exención militar de los ultraortodoxos. Eisenkot tiene además el precedente de Benny Gantz en 2020, cuando Netanyahu incumplió la rotación pactada. El presidente Isaac Herzog, que recibe a los partidos y escucha sus recomendaciones, podría alentar esta vía. Ya pidió que acudan "con la mente abierta" para "evitar otra ronda electoral".
El segundo escenario es un Gobierno de Eisenkot con los partidos árabes. Durante la campaña descartó pactar con formaciones no sionistas salvo que cumplan cuatro condiciones: comisión de investigación del 7-O, ley de reclutamiento o servicio civil alternativo, aceptar los valores de la Declaración de Independencia y definir a Hamás como grupo terrorista. Aun así, tantea a esos partidos. Netanyahu advirtió de que "apoyan el terror", y el Likud llegó a escribir en X que "las elecciones fueron robadas por partidos árabes".
El tercero es que Netanyahu siga en el poder hasta unos nuevos comicios, algo que favorece si Eisenkot no entra en su Gobierno sin rotación. Pero la repetición no garantiza mejor suerte: el campo anti-Bibi y el sector árabe, muy motivados, podrían obtener un resultado igual o peor. Y sobre todo ello planea Irán, cuya amenaza podría trastocar el tablero en cuestión de semanas.






