El ataque de Hezbolá contra Israel y la respuesta de Israel en Líbano han abierto un nuevo frente militar en Oriente Próximo tras la muerte del líder supremo iraní, Ali Jamenei. La ofensiva del grupo chií aliado de Teherán busca vengar el asesinato del dirigente iraní y amplía el conflicto regional iniciado tras los bombardeos de Estados Unidos e Israel contra Irán.
El intercambio de ataques se produjo después de que Hezbolá lanzara cohetes y drones desde territorio libanés contra objetivos israelíes. El grupo aseguró que la operación responde a la “sangre pura” de Jamenei y a los ataques israelíes previos en la región. Israel respondió pocas horas después con bombardeos sobre Beirut y el sur del Líbano, en una operación que eleva el riesgo de que la guerra regional se extienda definitivamente al país mediterráneo.
Según el Ministerio de Salud libanés, los bombardeos israelíes causaron al menos 31 muertos y más de 140 heridos en distintas zonas del país. Las explosiones sacudieron especialmente los suburbios del sur de Beirut, un bastión tradicional de Hezbolá, donde miles de residentes abandonaron sus viviendas ante el temor de nuevos ataques.
Hezbolá y su frente militar contra Israel
El grupo chií afirmó que su ataque tuvo como objetivo una instalación militar vinculada al sistema de defensa antimisiles israelí cerca de Haifa. El ejército israelí confirmó el lanzamiento de proyectiles desde Líbano, aunque aseguró que la mayoría impactaron en áreas abiertas o fueron interceptados por su defensa aérea.
La ofensiva marca el primer ataque directo de Hezbolá contra Israel desde la guerra de 2024. El movimiento armado mantiene una estrecha relación con la Guardia Revolucionaria Islámica y forma parte de la red de aliados regionales que Teherán ha construido durante décadas para proyectar influencia en Oriente Próximo.
Israel responsabilizó directamente al grupo de la escalada. El jefe del Estado Mayor israelí, Eyal Zamir, aseguró que el país se prepara para un conflicto prolongado. “Debemos prepararnos para muchos días de combate”, afirmó en un comunicado tras ordenar una ofensiva contra posiciones de Hezbolá.
El ejército israelí también advirtió que no descarta una operación terrestre en el sur de Líbano, una posibilidad que recuerda a la ofensiva de 2024 y que podría ampliar significativamente el conflicto.
Entre los objetivos de Israel figura la cúpula del grupo chií, incluido su secretario general, Naim Qassem, quien asumió el liderazgo de la organización tras la muerte de Hassan Nasrallah durante la anterior guerra con Israel.
El Gobierno libanés intenta frenar la expansión de la guerra
El nuevo episodio de violencia ha reactivado las tensiones internas en Líbano. El presidente del país, Joseph Aoun, condenó los ataques israelíes, pero también criticó el uso del territorio libanés como plataforma para conflictos regionales.
“El Estado no permitirá que Líbano sea arrastrado a guerras con las que no tenemos nada que ver”, declaró el mandatario. Sus palabras reflejan el equilibrio político que intenta mantener el gobierno libanés, que busca limitar la influencia militar de Hezbolá mientras evita un enfrentamiento interno.
Las autoridades libanesas ordenaron investigar el lanzamiento de cohetes contra Israel y anunciaron medidas para identificar a los responsables. El primer ministro, Nawaf Salam, calificó el ataque de “irresponsable” y advirtió que pone en peligro la estabilidad del país.






