Un accidente en la red de Rodalies de Cataluña dejó al menos un muerto y alrededor de una veintena de heridos tras chocar un tren de la línea R4 contra un muro de contención que cayó sobre la vía en el tramo entre Gelida y Sant Sadurní d’Anoia (Barcelona), según informó Protección Civil de la Generalitat. Fuentes conocedoras del suceso indicaron a EFE que la víctima mortal es el maquinista. Los equipos de emergencia desplegaron una quincena de ambulancias y once dotaciones de bomberos para atender a los afectados y asegurar la zona.
El siniestro ocurrió en una jornada marcada por precipitaciones intensas en Cataluña, un factor que elevó la presión sobre infraestructuras expuestas a desprendimientos y caídas de elementos de contención en tramos sensibles. Tras el choque, las autoridades activaron la alerta del plan Ferrocat, el dispositivo específico para emergencias ferroviarias. El teléfono 112 recibió 28 llamadas relacionadas con el incidente, un indicador del impacto inmediato en usuarios y municipios cercanos.
Segundo accidente
Horas después, ya en la noche del martes, Cataluña registró un segundo incidente ferroviario asociado también al temporal. Un tren de la línea R1 descarriló tras salirse un eje al colisionar con una roca caída en la vía, en el tramo entre Maçanet-Massanes y Tordera (Barcelona). Según fuentes de Adif, viajaban diez pasajeros y no se registraron heridos.
Más allá del balance humano —que concentra la atención en el corto plazo—, la sucesión de episodios en un mismo día vuelve a situar en el centro un debate de fondo: cómo garantizar la continuidad del servicio y la seguridad operativa en redes de cercanías sometidas a fenómenos meteorológicos intensos. La gestión del riesgo pasa por el mantenimiento preventivo, la monitorización de taludes y puntos de contención, y protocolos de circulación que ajusten la operación a condiciones adversas sin perder capacidad de respuesta. En términos institucionales, estos hechos suelen traducirse en revisiones técnicas, coordinación entre gestores de infraestructura y operadores, y presión política para acelerar inversiones y planes de resiliencia.






