El primer ministro francés, Sébastien Lecornu, anunció este lunes que pedirá a las prefecturas que decreten un toque de queda parcial en varias ciudades, sin precisar todavía cuáles, tras el fin de semana más violento que ha vivido el país en décadas. Los disturbios en Francia, que arrancaron el sábado y se repitieron el domingo por la noche en Lyon y Nantes, con incidentes también en París, han dejado cerca de 2.400 detenidos y alrededor de 1.000 agentes heridos.
Lecornu habló tras una reunión interministerial de crisis en el Ministerio del Interior. Explicó que Interior comunicará a lo largo de la tarde una "cartografía bastante precisa" de las zonas afectadas, una vez que los prefectos hablen con los alcaldes. "Es un toque de queda por territorios, parcial, me parece que, en este momento, es un instrumento más adaptado que decretar el estado de emergencia", declaró.
El primer ministro no cierra la puerta a esa medida más drástica, que le reclamó el líder de Los Republicanos, Bruno Retailleau: "si se considera necesario, podríamos hacerlo". Sí descartó, en cambio, imponer un toque de queda en todo París. El ministro del Interior, Laurent Nuñez, precisó que las restricciones no afectarán al partido de Liga de Campeones del martes entre el Paris Saint-Germain y el Barcelona.
Un balance que expone los fallos policiales
La magnitud de los daños explica la urgencia del Ejecutivo. Alrededor de 1.500 comercios fueron saqueados en al menos diez ciudades, según AFP, y la Cámara de Comercio e Industria eleva a unos 2.000 los negocios directamente afectados. En Marsella, 107 agentes resultaron heridos y grupos de encapuchados irrumpieron en el ayuntamiento. En Limoges, un incendio destruyó parcialmente la alcaldía, un edificio de más de 140 años. "Es un milagro que no haya habido víctimas mortales", admitió Lecornu.
El Gobierno promete "una respuesta penal masiva": solo en el área de París, 200 investigadores revisan imágenes de videovigilancia para identificar a los saqueadores. Pero la gestión del orden público se ha convertido en el flanco más débil del Ejecutivo. Nuñez ofreció su dimisión el domingo, que Emmanuel Macron rechazó, y reconoció este lunes que la policía "perdió el control" en algunas ciudades por "falta de anticipación". El propio presidente admitió "fallos" y reclamó "nuevos modos operativos". Los alcaldes de París, Marsella y Limoges exigen explicaciones.
La sombra de las presidenciales de 2027
Lecornu dio a la crisis una lectura política de largo alcance. Culpó a la extrema izquierda de los desórdenes diurnos y a la delincuencia de los nocturnos, y aseguró que los servicios de inteligencia detectan un movimiento que busca "generar una profunda desestabilización" hasta las elecciones. "Hay toda una nebulosa que puede activarse para cuestionar el calendario y la celebración de las elecciones presidenciales", advirtió.
El episodio llega a seis meses de unos comicios en los que Macron no puede presentarse y el centro carece de candidato fuerte. Las encuestas apuntan a Marine Le Pen y Jean-Luc Mélenchon como posibles finalistas, y ambos ya han convertido los disturbios en munición electoral: ella acusa al partido de Mélenchon de "legitimar la violencia", mientras él pide a los manifestantes alejarse de los saqueos.
La tregua no está garantizada. Los 'chalecos amarillos' han convocado un "Acto II" para el sábado 24 de octubre y una coalición de sindicatos prepara nuevas movilizaciones el 5 de noviembre. El Gobierno confía en que las vacaciones escolares enfríen la calle, aunque el malestar de fondo, ligado al coste de la vida y al deterioro de los servicios públicos, sigue intacto.






