Irán ha anunciado el cierre temporal de áreas del estrecho de Ormuz mientras desarrolla maniobras militares con fuego real en el golfo Pérsico y el golfo de Omán, una decisión que añade fricción a las negociaciones nucleares que mantiene con Estados Unidos en Ginebra. Teherán presenta la medida como una “precaución de seguridad”, pero el momento elegido refuerza su valor disuasorio en una vía marítima clave para la energía global.
La Guardia Revolucionaria Islámica comunicó que algunas zonas del estrecho de Ormuz permanecerán cerradas durante varias horas el martes. El paso, situado entre Omán y Emiratos Árabes Unidos por un lado e Irán por otro, concentra cerca del 20% del comercio mundial de petróleo y reduce sus canales navegables a apenas tres kilómetros por sentido en su tramo más estrecho. Esa geometría convierte cualquier restricción en un mensaje inmediato a los mercados y a las potencias navales presentes en la región.
El anuncio coincide con ejercicios iraníes en áreas adyacentes y con un refuerzo militar estadounidense en Oriente Próximo. La proximidad temporal entre maniobras y diplomacia subraya una estrategia de presión sostenida que Teherán ha utilizado en ciclos previos de tensión.
Jamenei endurece el mensaje mientras siguen las negociaciones
El líder supremo, Ali Jamenei, elevó el tono al advertir de que incluso “el ejército más fuerte del mundo” puede sufrir un golpe decisivo. Sus palabras, difundidas por medios estatales, acompañan una señalización militar que busca reforzar la posición negociadora iraní sin romper formalmente los contactos.
En paralelo, Washington y Teherán sostienen conversaciones indirectas en Ginebra, con mediación de Omán. En la mesa participan el ministro iraní de Exteriores, Abbas Araqchi, y emisarios estadounidenses como Steve Witkoff y Jared Kushner. El presidente Donald Trump ha indicado que sigue el proceso “de forma indirecta” y ve margen para un entendimiento, aunque funcionarios de EE. UU. admiten preparativos para escenarios alternativos si la Casa Blanca lo ordena.
Las conversaciones llegan tras bombardeos de junio contra instalaciones nucleares iraníes y en un contexto de sanciones que Teherán quiere aliviar. Desde Irán insisten en que el avance dependerá de evitar “exigencias irreales”. La combinación de cierre parcial del estrecho de Ormuz y diálogo nuclear apunta a una lógica duradera: Teherán mezcla diplomacia y control del riesgo marítimo para maximizar su capacidad de influencia.






