Los combates entre el Ejército israelí y Hizbolá continúan en el sur del Líbano y el valle de la Becá pese al nuevo alto el fuego pactado esta semana, un acuerdo que la milicia chií aliada de Irán ha rechazado de plano. Su líder, Naim Qassem, lo calificó de «humillación y capitulación», dejando en evidencia la fragilidad del entendimiento alcanzado en Washington con la mediación estadounidense.
Sobre el terreno, la situación es contradictoria. El Ejército israelí ha iniciado su retirada del distrito de Marjayoun y las tropas libanesas despejan escombros y reabren carreteras. Al mismo tiempo, un dron de vigilancia israelí patrulla los cielos de Beirut a baja altura y la misión de la ONU, Unifil, lamenta la muerte de uno de sus soldados y las heridas de otros dos en un ataque del que Israel se ha desvinculado.
El presidente libanés, Joseph Aoun, reconoció este jueves que «las negociaciones de ayer fueron muy difíciles» y detalló que solo se retomaron tras la intervención directa del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio. Aoun expresó un cauto optimismo, creyendo que el acuerdo «podría implementarse dentro de las 24 horas posteriores a su aprobación final», pero admitió que siguen pendientes respuestas y garantías de todas las partes.
Todo depende de Hizbolá
El ex comandante en jefe de las Fuerzas Libanesas, Fouad Abou Nader, lo resume con claridad: «quien empuña el arma y aprieta el gatillo no está en la mesa de negociaciones». Una fuente militar próxima al proceso es más explícita aún: «Los estadounidenses lograron una ambiciosa declaración tripartita, llena de buenas intenciones, pero es muy frágil, porque todo depende de Hizbolá, sobre el cual el Gobierno libanés tiene un control limitado».
La propuesta estadounidense pasa por crear zonas piloto de las que Israel se retiraría progresivamente para ceder el control al Ejército libanés. El presidente Aoun mencionó las localidades de Zaoutar el Gharbiyé y Zaoutar el Charkiyé, así como el Castillo de Beaufort, como candidatas. Sin embargo, el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, anunció que su país mantendrá presencia en Beaufort y continuará desmantelando infraestructura de Hizbolá, al tiempo que advirtió que Israel conserva «la libertad de efectuar ataques, incluso en Beirut».
Las críticas también llegaron desde el propio gabinete israelí. El ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, tachó el alto el fuego de «grave error, dictado por las ilusiones de ciertos asesores» y llegó a afirmar que a veces es necesario oponerse al presidente de Estados Unidos.
Una semana clave en junio
Los próximos días marcarán el rumbo del proceso. La semana del 22 de junio está prevista una nueva ronda de negociaciones entre israelíes y libaneses con el objetivo de alcanzar un acuerdo más integral. Abou Nader no deja margen para el optimismo fácil: «O el proceso iniciado en Washington tiene éxito, o nos enfrentaremos a dos problemas: una guerra devastadora con Israel y conflictos internos entre libaneses».
La advertencia define bien el escenario. El acuerdo existe sobre el papel, pero mientras Hizbolá no lo asuma, el sur del Líbano seguirá siendo un polvorín.






