La Guardia Revolucionaria iraní lanzó la madrugada del sábado varios misiles contra bases militares de Estados Unidos en Kuwait y Baréin, en una represalia directa por los ataques previos del Mando Central estadounidense (Centcom) contra instalaciones de radar iraníes en el Estrecho de Ormuz. El Centcom informó haber interceptado seis misiles balísticos; un séptimo no alcanzó su objetivo.
Según el comunicado de la Guardia Revolucionaria, los ataques respondieron directamente a la destrucción de radares de vigilancia costera en Goruk y en la isla de Qeshm. El cuerpo de élite sostuvo que sus radares vigilaban el paso de cuatro petroleros que intentaban cruzar el Estrecho sin autorización de Teherán.
Kuwait cierra su espacio aéreo y condena la «flagrante agresión»
La tensión se trasladó de inmediato a tierra firme. De hecho, el Ministerio del Interior de Baréin activó sus alarmas antiaéreas, al igual que el Estado Mayor kuwaití. La Dirección General de Aviación Civil de Kuwait cerró temporalmente su espacio aéreo, lo que obligó a desviar once vuelos de Kuwait Airways y Jazeera Airways a aeropuertos vecinos.
Kuwait no tardó en emitir una condena enérgica. Su Ministerio de Exteriores calificó los ataques de «flagrante agresión que ignora los llamamientos internacionales» y advirtió de que el país se reserva «el pleno derecho de adoptar todas las medidas necesarias para preservar su seguridad». En términos similares, calificó los incidentes de «peligrosa escalada que exacerba la tensión y la inestabilidad».
La Guardia Revolucionaria, por su parte, afirmó haber dañado la sede de la Quinta Flota de Estados Unidos en Baréin. El Centcom lo desmintió de forma tajante. El cuerpo de élite iraní también advirtió de que Washington «será responsable de las consecuencias del cierre completo del Estrecho de Ormuz» si mantiene sus operaciones en la zona.
Un alto el fuego cada vez más difícil de sostener
Los intercambios de los últimos días ponen en serios apuros la narrativa oficial de Washington. A pesar de la serie de enfrentamientos registrados en las últimas tres semanas, el gobierno estadounidense insiste en que el alto el fuego acordado en abril sigue vigente, una posición que cada nuevo ataque hace más difícil de mantener con credibilidad.
El Estrecho de Ormuz concentra una parte significativa del comercio mundial de petróleo y gas, lo que convierte cualquier escalada en la zona en un factor con consecuencias directas sobre los mercados energéticos globales. Asimismo, la secuencia de acciones y represalias de los últimos días apunta a que la ventana para frenar el ciclo de escalada se estrecha con rapidez.






