La directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, lanzó este jueves un mensaje sin ambigüedades: el mundo debe prepararse para lo peor. La guerra en Oriente Medio ha trastocado de raíz las previsiones de crecimiento económico global, y la inflación vuelve a ocupar el centro del tablero. El FMI, que hasta hace poco planeaba mejorar sus proyecciones por encima del 3,2%, da ahora marcha atrás.
«Ahora, hasta nuestro escenario más optimista implica una rebaja del crecimiento», señaló Georgieva en su discurso previo a las reuniones de primavera del FMI y el Banco Mundial, previstas del 13 al 18 de abril en Washington. La economista búlgara apuntó al daño en infraestructuras, las interrupciones en las cadenas de suministro y la pérdida de confianza como los factores que están erosionando las perspectivas económicas mundiales.
Ormuz, el punto de estrangulamiento global
El cierre del estrecho de Ormuz golpea con fuerza la economía internacional. El tránsito de petróleo cae un 13% y el de gas natural, hasta un 20%. El barril de Brent, referencia mundial, escala de los 72 a los 125 dólares. Y otros 45 millones de personas se suman a la inseguridad alimentaria, hasta alcanzar los 360 millones en total.
Georgieva no esquivó la crudeza del momento: «Prepárense para lo peor», anticipó en declaraciones a Bloomberg. La revisión oficial llegará la próxima semana, pero el diagnóstico ya está sobre la mesa. Y la receta que propone el FMI pasa por la cautela: los bancos centrales deben mantener la pausa por ahora, pero estar listos para subir tipos si la inflación amenaza con descontrolarse.
Tipos de interés, la última bala
Georgieva dejó claro que el margen de maniobra es estrecho. «Si las expectativas de inflación amenazan con desanclarse y desencadenar una costosa espiral inflacionaria, entonces los bancos centrales deberían intervenir con firmeza mediante subidas de tipos de interés», advirtió. Subir tipos, sin embargo, frenaría aún más el crecimiento: una tensión que define el dilema al que se enfrentan hoy las principales economías del mundo.
El FMI también lanzó un aviso directo a los gobiernos: nada de medidas unilaterales. Controles de exportaciones, controles de precios o subsidios generalizados pueden agravar la situación global. «No echen gasolina al fuego», pidió Georgieva con rotundidad. Y añadió que estimular la economía con déficit ahora sería «como conducir con un pie en el acelerador y otro en el freno».
El impacto, además, no afectará a todos por igual. Los países más cercanos al conflicto, los importadores netos de energía y quienes carecen de margen fiscal sufrirán las consecuencias con más intensidad. El FMI presentará distintos escenarios, desde una normalización relativamente rápida hasta uno en el que los precios del petróleo y el gas permanezcan elevados durante un período prolongado. En ninguno de ellos, advierte Georgieva, habrá «un retorno ordenado y limpio al estado anterior».






