El Museo de las Ciencias de Valencia acogió el funeral de Estado por las 237 víctimas mortales de la DANA que asoló el este de España el 29 de octubre de 2024. La ceremonia, marcada por el dolor y la indignación, reunió a familiares, autoridades y representantes institucionales en un acto laico que combinó emotividad, tensión y llamados a la reflexión colectiva sobre la gestión de emergencias en el país.
Los Reyes presidieron el homenaje junto al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y otras altas autoridades del Estado. El rey Felipe VI centró su intervención en la necesidad de “analizar con rigor y serenidad” las causas y consecuencias de la tragedia. Subrayó que el país debe “extraer las lecciones necesarias para mejorar su capacidad de respuesta” ante futuras catástrofes y “evitar, en lo posible, que se repitan”. Su mensaje, alejado del discurso político, apeló al consenso nacional frente a los desafíos climáticos y de gestión pública que afectan a la sociedad española.
El tono sereno del acto contrastó con los momentos de tensión vividos antes de la ceremonia. A la entrada del presidente de la Generalitat Valenciana, Carlos Mazón, varios familiares le reprocharon su actuación durante los días posteriores a la catástrofe, acusándolo de “omitir su deber”. Algunos mostraron fotografías de sus seres queridos fallecidos, mientras otros pedían calma y respeto por las víctimas. Las protestas se disiparon con la llegada de los Reyes y el inicio del acto, que incluyó la lectura de los nombres de los fallecidos y la interpretación de Mon Vetlatori por la cantante valenciana La Maria, convertida en símbolo de duelo.
«Verdad, respeto y humanidad».
Durante el turno de palabra de los familiares, Andrea Ferrari, que perdió a su madre en las inundaciones de Ribarroja, pidió que “prevalezcan la verdad, el respeto y la humanidad”. Virginia Ortiz, prima de una víctima de Letur (Albacete), denunció que la tragedia “no fue causada solo por la naturaleza”, sino por “quienes omitieron su deber a sabiendas de las consecuencias”.
El presidente Sánchez permaneció hasta el final del acto conversando con familiares, mientras Mazón abandonó discretamente la sala entre nuevos reproches. La jornada concluyó con una ofrenda floral ante el monolito conmemorativo y gestos de apoyo entre los asistentes.
El funeral, además de rendir homenaje a las víctimas, volvió a poner en primer plano el debate sobre la responsabilidad institucional y la preparación del país ante emergencias climáticas cada vez más frecuentes.






