El rey Felipe VI ha utilizado su mensaje de Navidad de 2025 para lanzar una advertencia de alcance estructural sobre el estado de las democracias contemporáneas. En un discurso más breve de lo habitual y centrado en un único eje, el jefe del Estado ha alertado de la existencia de una “inquietante crisis de confianza” que afecta a las instituciones democráticas y al ánimo de los ciudadanos, una dinámica que, según ha señalado, alimenta la expansión de los extremismos, los radicalismos y los populismos.
Felipe VI ha vinculado de forma directa la degradación del debate público con el aumento del hastío, el desencanto y la desafección política. En su diagnóstico, la tensión permanente y la confrontación verbal erosionan la convivencia y debilitan los consensos básicos que sostienen el sistema democrático. Frente a esta situación, el monarca ha defendido el diálogo, el respeto en el lenguaje y la escucha de las opiniones ajenas como elementos irrenunciables para preservar la vida democrática a largo plazo.
Simbolismo europeo
El discurso se ha pronunciado desde el Salón de Columnas del Palacio Real, un escenario cargado de simbolismo europeo. Desde allí, Felipe VI ha recordado el 40º aniversario de la adhesión de España a las entonces Comunidades Europeas, que ha definido como un paso decisivo para la modernización del país y la consolidación de las libertades. También ha evocado el 50º aniversario del inicio de la Transición democrática, presentada como un ejercicio colectivo de responsabilidad en el que la sociedad española asumió su soberanía y su futuro político.
Ese recorrido histórico ha servido como marco para abordar los desafíos actuales. El Rey ha mencionado la inflación, las dificultades de acceso a la vivienda, la incertidumbre asociada a la transformación tecnológica y el impacto de los fenómenos climáticos extremos como factores que presionan la cohesión social. A su juicio, estos problemas exigen voluntad política, perseverancia y una visión de país compartida, y no pueden resolverse mediante retórica ni gestos de corto plazo.
Convivencia democrática
En el núcleo de su intervención, Felipe VI ha insistido en que la convivencia democrática no constituye un patrimonio garantizado, sino una construcción frágil que requiere cuidado constante. La pérdida de confianza institucional, ha advertido, daña la credibilidad del sistema y abre espacio a discursos que simplifican la realidad y explotan el miedo. En este punto, ha recordado las consecuencias históricas que tuvieron fenómenos similares en Europa durante el siglo XX.
Sin señalar responsables concretos, el monarca ha subrayado la necesidad de ejemplaridad por parte de los poderes públicos, de empatía hacia los colectivos más vulnerables y de situar la dignidad humana en el centro de la acción política. También ha defendido una concepción de la democracia en la que las ideas propias no se convierten en dogmas ni las ajenas en amenazas.
El mensaje ha concluido con una apelación al optimismo cívico. Felipe VI ha sostenido que los retos actuales no superan a los afrontados en otras etapas críticas de la historia reciente y que España puede avanzar si aborda sus desafíos desde la cooperación y el compromiso colectivo.






